jueves, 2 de noviembre de 2017

La conspiración del azúcar (Traducción)

La Conspiracion del Azucar


En 1972, un científico británico, encendió la alarma que era el azúcar – Y no la grasa – el mayor problema para nuestra salud. Pero este hallazgo fue ridiculizado y su reputación arruinada. Como fue que los mayores científicos en el campo de la nutrición, se equivocaron por tanto tiempo?

Link Original: https://www.theguardian.com/society/2016/apr/07/the-sugar-conspiracy-robert-lustig-john-yudkin

Por Ian Leslie
Robert Lustig es un endocrinólogo infantil de la Universidad de California, especialista en obesidad infantil. Una de sus conferencias de 90 minutos del año 2009 titulada: “La amarga verdad”, fue vista mas de seis millones de veces en YouTube. En ella, Lustig argumenta con fuerza que la fructosa, una forma de azúcar, presente en casi todo lo que comemos actualmente, es un “veneno”, culpable de la epidemia de obesidad en EEUU.
Un año antes que su video fuera publicado, Lustig en una conferencia de bioquímicos en Adelaide, Australia, dio una charla similar. Un científico de la audiencia se le aproximo y le dijo: - Seguramente, Usted ha leído a Yudkin. Lustig negó con su cabeza. -John Yudkin-, dijo el científico,- fue un investigador británico, profesor de nutrición, que encendió la alarma sobre el azúcar en 1972, en un libro llamado “Pura, Blanca y Mortal”-.
“Si solo una pequeña fracción de lo que nosotros conocemos, sobre los efectos del azúcar, fuera revelado, en relación a cualquier otro aditivo usado en la comida”, escribió Yudkin, “esta sustancia seria prohibida”. Su libro, lo hizo, pero Yudkin pago un alto precio por esto. Importantes nutricionistas en combinación con la industria, destrozaron su reputación, y su carrera, nunca mas se recupero. El científico murió en 1995, un hombre decepcionado y olvidado.
Quizás el científico australiano pretendió hacerle una advertencia amistosa. Lustig fue ciertamente poniendo su reputación académica en riesgo cuando se embarcó en una campaña de alto perfil contra el azúcar. Pero, a diferencia de Yudkin, Lustig está respaldado por un viento científico de cola. Leemos casi todas las semanas, nuevas investigaciones sobre los efectos nocivos del azúcar en nuestro cuerpo. En los EE.UU., la última edición de las directrices dietéticas oficiales del gobierno incluye una tapa sobre el consumo de azúcar. En el Reino Unido, el canciller George Osborne, ha anunciado un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas. El azúcar se ha convertido en el enemigo número uno de la dieta.
Esto representa un cambio dramático en la prioridad. Durante las ultimas tres décadas en nutrición, el archi villano fue la grasa saturada. En la década del 60, cuando Yudkin estaba llevando a cabo su investigación sobre los efectos del azúcar, una nueva ortodoxia nutricional estaba en el proceso de afirmarse. Su principio fundamental era que una dieta sana era una dieta baja en grasa. Yudkin encabezo a un grupo cada vez menor de disidentes que se creían que el azúcar y no la grasa, era la causa más probable de enfermedades como la obesidad, las enfermedades del corazón y diabetes. Pero en el momento en que escribió su libro, los lideres del campo nutricional, habían sido capturados por los defensores de la hipótesis de la grasa alimentaria como causa. Yudkin se encontró luchando en la retaguardia, y fue derrotado.
No solo derrotado, en efecto fue enterrado. Cuando Lustig retorno a California, buscó “Puro, blanca y Mortal” en las librerías y on line, sin ningún resultado. Finalmente, localizó una copia después de haber presentado una solicitud a la biblioteca de la universidad. Al leer la introducción de Yudkin, sintió un shock de reconocimiento.
“Mierda”, dijo Lustig, “Este hombre dijo lo mismo que yo, pero 35 años antes!”
En 1980, después de una largo debate con algunos de los mas conocidos especialistas en nutrición de Estados Unidos, el gobierno emitió sus primeras directrices dietéticas. Estas directrices reguirian las dietas de cientos de millones de personas. Los médicos basaron sus consejos en ellas, y las empresas de alimentos desarrollaron sus productos para cumplir con ellas. Su influencia se extendió más allá de los EE.UU. Y en 1983, el gobierno del Reino Unido emitió consejos que seguían de cerca su ejemplo.
La principal recomendación de ambos gobiernos, fue limitar la ingesta de grasas saturadas y colesterol (era la primera vez que se recomendaba al publico comer menos de algo, mas que comer suficiente de todo). Los consumidores, mansamente obedecieron. Se reemplazo carne y salchichas con pasta y arroz, manteca con margarina y aceites vegetales, huevos con cereales y leche entera por leche descremada o jugo de naranja. Esta medida en lugar de ser mas saludable, creo mas obesos y enfermos.
Mirando un gráfico de las tasas de obesidad de la posguerra, se hace evidente que algo cambió después de 1980. En los EE.UU., la curva se eleva gradualmente hasta que, a principios de 1980, se despega como un avión. Sólo el 12% de los estadounidenses eran obesos en 1950, 15% en 1980, 35% en 2000. En el Reino Unido, la línea fue plana durante décadas, hasta mediados de los 1980, momento en que también comienza a elevarse. Sólo el 6% de los británicos eran obesos en 1980. En los próximos 20 años esa cifra se triplicara. Hoy en día, dos tercios de los británicos son obesos o tienen sobrepeso, haciendo de este el país más gordo en la UE. La diabetes de tipo 2, estrechamente relacionados con la obesidad, ha aumentado en tándem en ambos países.
En el mejor de los casos, podemos concluir que las directrices oficiales no lograron su objetivo; en el peor, que nos llevaron a una catástrofe de salud desde hace décadas. Naturalmente, entonces, una búsqueda de culpables ha surgido. Los científicos son convencionalmente figuras apolíticas, pero en estos días, los investigadores de nutrición escriben editoriales y libros y parecen activistas ecológicos, alertando con denuncias verdaderas sobre “big sugar” (la gran industria atrás del azúcar) y la comida rápida. Nadie podría haber predicho, dicen, cómo los fabricantes de alimentos responderían a la medida cautelar contra la grasa – y lo hicieron vendiéndonos yogures bajos en grasa repletos con azúcar, y panificados con abundantes grasas trans que destrozaron nuestros hígados.
Ante este fracaso, los especialistas en nutrición de esa época, se molestaron con la prensa por distorsionar sus hallazgos, con los políticos por no hacer caso de ellos, y con el resto de nosotros por “comer mucho y movernos poco”. En resumen, todo el mundo – la industria, los medios de comunicación, los políticos, los consumidores - fueron culpables. A excepción de los científicos.
Pero no era imposible prever que la demonizacion de la grasa podría ser un error. La energía de los alimentos viene a nosotros en tres formas: grasas, carbohidratos y proteínas. Dado que la proporción de energía que obtenemos de la proteína tiende a permanecer estable, sea cual sea nuestra dieta, una dieta baja en grasa significa, efectivamente, una dieta alta en carbohidratos. El hidrato de carbono más versátil y agradable al paladar es el azúcar, sobre el cual John Yudkin ya había realizado serias advertencias. En 1974, la revista médica del Reino Unido, The Lancet, hizo una advertencia acerca de las posibles consecuencias de recomendar reducciones en grasa de la dieta: "La cura no debe ser peor que la enfermedad."
Aún así, sería razonable suponer que Yudkin perdió este argumento simplemente porque, en 1980, existía mas evidencia acumulada contra la grasa que contra el azúcar.
Después de todo, así es como funciona la ciencia, ¿verdad?
Como parece cada vez más probable, si el asesoramiento nutricional en el que hemos confiado durante 40 años estaba profundamente equivocado, este error no puede ser atribuido al ocultamiento de información de las corporaciones alimentarias y tampoco puede pasar como un error científico inocente. Lo qué le hicieron a la teoría de John Yudkin lo demuestra. Esto es algo que los científicos se hicieron a si mismos y, en consecuencia, a nosotros.
Tendemos a creer que los herejes, son opositores; son individuos con compulsión a burlarse de la sabiduría convencional, pero a veces un hereje es solamente un pensador, que mantiene la vista en el mismo punto, cuando todos los demás se dieron vuelta 180° y empiezan a mirar otra cosa. Cuando en 1957 John Yudkin, planteo su hipótesis que el azúcar era un peligro para la salud publica, fue tomado seriamente, pero 14 años después, cuando se retiro, tanto la teoría como el actor fueron ridiculizados y marginados. En la actualidad, el trabajo de Yudkin, esta siendo reflotado posterior a su muerte por una nueva corriente científica.
Estas fluctuaciones bruscas en la teoría de Yudkin tiene poco que ver con el método científico, y mucho que ver con la forma poco científica en la que el campo de la nutrición se ha comportado en los últimos años. Esta historia, que ha comenzado a surgir en la década pasada, empezó a ganar la atención del público gracias a personas ajenas a la ciencia, y por escépticos en lugar de los lideres de la nutrición. En su libro, “The Big Fat Surprise”, la periodista Nina Teicholz relata la historia de la teoría por la cual las grasas saturadas causan enfermedades del corazón, y revela la evolución de esta idea, que paso por controvertida teoría, hasta verdad aceptada, no avalada por el método científico, sino por la influencia de una pocas personalidades de gran poder.
El libro de Teicholz también describe cómo un establishment de destacados científicos de la nutrición, inseguros acerca de su autoridad médica y atentos a las amenazas a la misma, exageraron el valor de las dietas bajas en grasa, contra toda evidencia o argumento contrario a sus ideas . John Yudkin era sólo su primera y más eminente víctima.
Hoy en día, como los nutricionistas tienen dificultades para comprender un desastre de salud que no solo no pudieron predecir, sino que hasta pueden haber precipitado, el campo nutricional, se encuentra en un período doloroso de re-evaluación. Lentamente esta dejando de prohibir grasas y colesterol, y comenzaron a endurecer sus advertencias sobre el azúcar, aunque no tan enfáticamente para dar un giro de 180° a sus recomendaciones. Lo curioso que muchos de sus miembros destacados todavía conservan un instinto colectivo de difamar a aquellos que desafían su bastante lastimado conocimiento convencional en voz demasiado alta, como lo esta haciendo actualmente Nina Teicholz.
Para entender como llegamos a este punto, tendremos que ir un poco hacia atrás en la historia, hacia el nacimiento de la nutrición moderna.
El 23 de septiembre de 1955, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower sufrió un ataque al corazón. En lugar de ocultarlo, Eisenhower insistió en hacer público los detalles de su enfermedad. Al día siguiente, su médico principal, el Dr. Paul Dudley White, dio una conferencia de prensa en la que dio instrucciones a los estadounidenses sobre cómo evitar las enfermedades del corazón: dejar de fumar, reducir la grasa y el colesterol. Se baso para hacer estas recomendaciones, en un artículo, de un nutricionista de la Universidad de Minnesota, Ancel Keys.
Las enfermedades del corazón, que había sido una rareza relativa en la década de 1920, estaba ahora atacando hombres de mediana edad a un ritmo alarmante, y los estadounidenses estaban desesperados buscando la causa y la cura. Ancel Keys presentó una respuesta: la "hipótesis de la dieta del corazón" (por motivos de simplicidad, yo la llamo la "hipótesis lipídica"). Así se impuso la idea, ahora familiar, que un exceso de grasas saturadas en la dieta, de la carne roja, queso, manteca, y huevos, aumenta el colesterol, y que este de alguna manera se “congela” en el interior de las arterias coronarias, haciendo que se endurezcan y estrechen, hasta que se compromete el flujo de sangre y enferma al corazón.
Ancel Keys fue brillante, carismático, y combativo. Un colega y amigo de la Universidad de Minnesota, lo describió como "directo al punto de la brusquedad, crítico hasta el punto del combate"; otras descripciones fueron menos caritativas. El transpiraba confianza, en un tiempo que esta era más que bienvenida. El presidente, su médico y el científico formaron un frente que tranquilizaba las cosas, e impusieron la noción que los alimentos grasos eran insalubres y esto comenzaroa tomar fuerza entre los médicos y el público. (Eisenhower en persona dejo de comer grasas saturadas y colesterol de su dieta por completo, justo hasta su muerte, en 1969, por enfermedades cardiaca.)
Muchos científicos, especialmente los británicos, se mostraron escépticos. El que mas dudo, fue John Yudkin, el mas destacado nutricionista del Reino Unido. Cuando Yudkin miraba a los datos sobre las enfermedades del corazón, se encontró con una fuerte correlación con el consumo de azúcar, no con la grasa. Se llevó a cabo una serie de experimentos de laboratorio con animales y seres humanos, y observó, como otros antes que él, para que el azúcar se procesa en el hígado, donde se convierte en grasa, antes de entrar en el torrente sanguíneo.
Señaló, también, que si bien los seres humanos siempre han sido carnívoros, los hidratos de carbono se convirtieron en un componente importante de su dieta, hace 10.000 años, con el advenimiento de la agricultura. El azúcar - un hidrato de carbono refinado, despojado de toda fibra y nutrición-. Esta ha sido parte de las dietas occidentales en los últimos 300 años, en términos evolutivos, es como si comiéramos la primer cuchara de azúcar en nuestra vida en este segundo. Las grasas saturadas, por el contrario, están ligados tan íntimamente con nuestra evolución que están muy presentes en la leche materna. Para Yudkin, parecía mucho más probable que sea la reciente innovación del azúcar y no la grasa prehistórica, lo que nos enfermaba.
John Yudkin nació en 1910, en el barrio East End de Londres. Sus padres eran rusos Judíos que se establecieron en Inglaterra después de huir de los pogromos de 1905. Yudkin padre murió cuando él tenía seis años, y su madre crío a sus cinco hijos en la pobreza. Por medio de una beca para una escuela primaria local en Hackney, Yudkin llegó a Cambridge. Estudió bioquímica y fisiología, antes de ingresar a medicina. Después de servir en la Royal Army Medical Corps durante la segunda guerra mundial, Yudkin se hizo profesor en el Queen Elizabeth College de Londres, donde construyó un departamento de ciencia de la nutrición con una reputación internacional.
Ancel Keys era intensamente consciente de que la hipótesis del azúcar que planteo Yudkin era una alternativa a la suya. Si Yudkin publicaba una investigación, Keys debía destrozarla a ella y a El. Llamó la teoría Yudkin "una montaña sin sentido", y lo acusó de emitir "propaganda" para las industrias de la carne y los productos lácteos. "Yudkin y sus patrocinadores comerciales no son disuadidos por la realidad", dijo. "Siguen cantando la misma melodía desacreditada." Yudkin nunca respondió esta ofensa. Era un hombre de modales suaves, inexperto en el arte del combate político.
Eso le hizo vulnerable a los ataques, y no sólo a los de Keys. La industria británica del azúcar, desestimó las afirmaciones de Yudkin como "afirmaciones emocionales"; la World Sugar Research Organisation (Organización Mundial de Investigación sobre Azúcar) llama a su libro "ciencia ficción". En sus escritos, Yudkin era meticulosamente descriptivo y poco demostrativo, como lo fue en persona. Muy de vez en cuando hablo sobre sus sentimientos al ver mancillado el trabajo de toda su vida, y una vez le pregunto al lector: "¿Puede usted imaginarse que a veces uno se sienta abatido pensando sobre si vale la pena hacer investigación científica en materia de salud? "
A lo largo de la década de 1960, Keys acumulo poder institucional. Se aseguró lugares para él y sus aliados en los consejos de los organismos más influyentes de salud estadounidense, incluyendo la Asociación Americana del Corazón (AHA) y el Institutos Nacionales de Salud. A partir de estas fortalezas, dieron fondos a los investigadores con ideas afines, y emitieron asesoramiento experto a la nación. "La gente debe conocer los hechos," Keys dijo a la revista Time. "Entonces, si quieren comer hasta la muerte, allá ellos."
Esta aparente certeza era injustificada: incluso algunos partidarios de la hipótesis lipídica admitieron que la evidencia era todavía inconcluyente. Pero Keys llevó a cabo una carta de triunfo. De 1958 a 1964, él y sus colegas reunieron datos sobre las dietas, estilos de vida y la salud de 12.770 hombres de mediana edad, en Italia, Grecia, Yugoslavia, Finlandia, Países Bajos, Japón y los Estados Unidos. El Seven Countries Study fue finalmente publicado como una monografía 211 páginas en 1970. Se demostró una correlación entre el consumo de grasas saturadas y las muertes por enfermedades del corazón, al igual que Keys había predicho. El debate científico se encamino detrás de la hipótesis lipídica.
Keys fue un tipo de datos abrumadores (un contemporáneo comentó: "Cada vez que se le pregunta a Keys, dice," Tengo 5.000 casos ¿Cuántos tiene usted.? '). A pesar de su peso especifico, el Estudio de los Siete Países, sirvió de base de una cascada de estudios posteriores escritos por los autores originales, era una construcción destartalada. No existía ninguna base objetiva por la cual Keys, selecciono esos países, y es difícil evitar la conclusión de que él selecciono sólo aquellos que sospechaba que apoyaría su hipótesis. Después de todo, logro reunir los siete países de Europa y dejar afuera a Francia y lo que era entonces Alemania Occidental, porque, Keys ya sabía que los franceses y los alemanes tenían tasas relativamente bajas de enfermedades del corazón, a pesar de vivir en una dieta rica en grasas saturadas.
La mayor limitación del estudio fue inherente a su método. La investigación epidemiológica consistió en juntar datos sobre el comportamiento y la salud de las personas, y una búsqueda de patrones. Originalmente desarrollado para estudiar la infección, Keys y sus sucesores lo adaptaron al estudio de las enfermedades crónicas, que, a diferencia de la mayoría de las infecciones, toman décadas en desarrollarse, y se confunden con cientos de factores de la dieta y estilo de vida, muy difícil de discriminar.
Para identificar de forma fiable causas, a diferencia de correlaciones, se requiere un mayor nivel de evidencia: el ensayo controlado. En su forma más simple: reclutar a un grupo de sujetos, y asignar la mitad de ellos una dieta, por decir, 15 años. Al final del ensayo, evaluar la salud de las personas en el grupo de intervención, en comparación con el grupo control. Este método también tiene sus contras: es prácticamente imposible supervisar de cerca las dietas de los grandes grupos de personas. Sin embargo, un ensayo realizado correctamente es la única manera de concluir con certeza que X es responsable de Y.
Aunque Keys había demostrado una correlación entre la enfermedad cardíaca y la grasa saturada, no se había excluido la posibilidad de que la enfermedad cardíaca fuera causada por otra cosa. Años después, uno de los investigadores de estudio de los siete Países, el investigador italiano, Alessandro Menotti, reanalizo los datos, y descubrió que la comida que se correlacionaba más estrechamente con las muertes por enfermedades cardiacas no estaba relacionada con la grasa, pero si, con el azúcar.
Para entonces ya era demasiado tarde. El estudio de siete países se había convertido en un dogma, y la hipótesis lipídica fue consagrada en los ámbitos oficiales. La comisión del Congreso responsable de las Guías Alimentarias fue presidida por el senador George McGovern. Él tomó la mayor parte de los consejos de la élite nutricional de los Estados Unidos: Hombres de un puñado de universidades de prestigio, la mayoría de los cuales se conocían o trabajaban juntos, y todos estaban de acuerdo que la grasa era el problema – Teoría que jamas fue cuestionada por McGovern y sus colegas senadores-. Solo algunas voces, pidieron que se reconsideren otras teorías. Entonces en 1973, John Yudkin fue llamado desde Londres a declarar ante el comité, y presentó su teoría alternativa de la enfermedad cardíaca.
Un desconcertado McGovern le pregunto a Yudkin si realmente el alto consumo de grasa no era un problema y si la ingesta de colesterol estaba exenta de riesgo.
"Creo que ambas cosas son ciertas", respondió Yudkin.
"Eso es exactamente lo contrario de lo que dijo mi doctor" dijo McGovern.
En un artículo publicado en el 2015, titulado ¿Avanza La ciencia con cada funeral ?, un equipo de especialistas en la Oficina Nacional de Investigación Económica, buscó una base empírica para una observación hecha por el físico Max Planck: "Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes y haciéndoles ver la luz, sino más bien porque sus oponentes eventualmente mueren, y crece una nueva generación que está familiarizada con ella. "
Los investigadores identificaron más de 12.000 científicos de "elite" de diferentes campos. Los criterios para definir: “élite” incluían los fondos que recibían para investigación, el número de publicaciones realizadas, y si eran miembros de la Academia Nacional de Ciencias o el Instituto de Medicina. Entre los obituarios se encontraron 452 que habían muerto antes de su retiro. Entonces, observaron lo que pasó en los campos de los cuales estos célebres científicos habían partido de forma inesperada, mediante el análisis de los patrones de publicación.
Lo que encontraron confirmó la veracidad de la máxima de Planck. jóvenes investigadores que habían trabajado en estrecha colaboración con los científicos de élite, y compartieron autoría con ellos, post muerte publicaban menos. Al mismo tiempo, hubo un marcado aumento en los estudios de los recién llegados al campo, que eran menos propensos a citar el trabajo de la eminencia fallecido. Los artículos de estos recién llegados eran sustanciosos e influyentes, y lograban a un gran número de citas. Esto sucedió en todos los campos.
Un científico es parte de lo que el filósofo de la ciencia polaco Ludwik Fleck llama un "pensamiento colectivo": un grupo de personas que intercambian ideas en un lenguaje mutuamente comprensibles. El grupo, sugirió Fleck, inevitablemente desarrolla una mente propia, como los individuos en ella convergen en una forma de comunicarse, pensar y sentir.
Esto hace que la investigación científica (influenciada por las reglas de la vida social humana) respete al carismático, tienda hacia la opinión de la mayoría, castigue las desviaciones, y rechace intensamente la admisión del error propio. Por supuesto, para evitar estos errores es precisamente por lo que se inventó el método científico, que a largo plazo, logra resolver alguno de estos puntos. Aunque algunas veces “el largo plazo”, como en el caso de los consejos dietarios, podría traer graves consecuencias, por seguir malos consejos dietarios.
En una serie de artículos y libros fuertemente argumentados, entre ellos ¿Por qué engordamos (2010), el escritor de ciencia Gary Taubes ha reunido a una crítica de la ciencia de la nutrición contemporánea, lo suficientemente potente como para obligar a todos a escuchar. Una de sus contribuciones ha sido la de descubrir un cuerpo de investigaciones llevada a cabo por científicos de Alemania y Austria antes de la segunda guerra mundial, que había sido pasado por alto por los americanos, y que revoluciono el campo de ideas en la década de 1950. Los europeos eran médicos expertos en el estudio de lo metabólico. Los americanos eran más propensos a ser epidemiólogos, trabajando en relativa ignorancia de la bioquímica y endocrinología (el estudio de las hormonas). Esto llevó a algunos de los errores fundamentales de la nutrición moderna.
El ascenso y la caída lenta de la mentira del colesterol dietario, es un ejemplo de ello. Después que esta sustancia fue descubierta dentro de las arterias de los hombres que habían sufrido ataques al corazón, los funcionarios de salud pública, aconsejados por los científicos, pusieron a los huevos, cuyas yemas son ricas en colesterol, en la lista de alimentos peligrosos. Pero es un error biológico confundir lo que una persona pone en su boca con lo que se convierte después de ingerido. El cuerpo humano, lejos de ser un recipiente pasivo que podemos elegir con que llenarlo, es una planta química que se ocupa de la transformación y distribución de la energía que recibe. Su principal rector es la homeostasis, o el mantenimiento del equilibrio de energía (cuando el ejercicio nos calienta, el sudor nos enfría). El colesterol, presente en todas nuestras células, es creado por el hígado. Los bioquímicos han sabido desde hace mucho tiempo que cuanto más colesterol usted come, menos producirá su hígado.
A su favor, Ancel Keys liberó, desde un principio al colesterol dietético como causa del problema. Sin embargo, con el fin de sostener su afirmación que el colesterol provocaba ataques cardíacos, necesitaba identificar un agente que elevara sus niveles en la sangre – Y así fue que se encontró con las grasas saturadas. Durante 30 años después del ataque cardiaco de Eisenhower, no consiguió pruebas para soportar de manera concluyente la asociación; entonces afirmó haberla identificado en el famoso estudio de “Los Siete Países”.
El establishment nutricional no estaba “cómodo” por la ausencia de una prueba definitiva, para sustentar su teoría, pero rondando 1993 se dieron cuenta que no podían eludir otra crítica mas: Aunque ellos recomendaban una dieta baja en grasa sobre todo a mujeres, esta teoría nunca había sido probada (Solo se sorprenderá si usted no es un científico de la nutrición). El Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre decidieron ir hasta el fondo del tema, y pusieron el marcha el mayor ensayo controlado de dietas jamás emprendido. Así fue que decidieron hacer frente a este problema y comenzaron el Women’s Health Initiativese, esperando despejar cualquier duda sobre los efectos nocivos de la grasa.
Nada de esto sucedió, y al final del estudio, se encontró que las mujeres que siguieron la dieta baja en grasas no eran menos propensas que el grupo de control, en contraer cáncer o enfermedades cardiaca. Esto causó una gran consternación. El investigador principal del estudio, dispuestos a aceptar las consecuencias de sus propios hallazgos, comentó: "Quedamos rascándonos la cabeza sobre algunos de estos resultados." Un consenso se formó rápidamente sobre el estudio - meticulosamente planeado, financiado generosamente, supervisado por los investigadores mas reconocidos - debe haber estado equivocado, porque no tenia sentido. El establishment siguió adelante, o más bien no lo hizo.
En el año 2008, investigadores de la Universidad de Oxford llevaron a cabo un estudio a nivel europeo de las causas de las enfermedades cardiacas. Sus datos muestran una correlación inversa entre la grasa saturada y estas enfermedades, Desarrollado por todo el continente. Francia, es el país con la mayor ingesta de grasas saturadas, y tiene la tasa más baja de enfermedad cardiaca; Ucrania, el país con la menor ingesta de grasas saturadas, tiene la más alta. Cuando la investigadora británica, sobre obesidad Zoë Harcombe realizó un análisis de los datos sobre los niveles de colesterol de 192 países de todo el mundo, se encontró que la reducción del colesterol se correlacionaba con mayores tasas de muerte por enfermedades cardiacas.
En los últimos 10 años, una teoría que se ha mantenido de alguna manera sin apoyo durante casi medio siglo ha sido rechazada por varias trabajos publicados, aun cuando agoniza, vive como zombies, en nuestras guías alimentarias y consejos médicos.
La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (UN’s Food and Agriculture Organisation), en un análisis de todos los estudios sobre dietas bajas en grasas en 2008, no encontró "evidencia probable o convincentes" de que un alto nivel de grasas en la dieta causa la enfermedad del corazón o cáncer. Otra revisión histórica, publicado en 2010, en la Sociedad Americana para la Nutrición, cuyo autor, entre otros, fue el destacado investigador y médico de la Universidad de California, Ronald Krauss, llego a la conclusión que "no hay evidencia significativa para afirmar que las grasas saturadas en la dieta se asocian con un mayor riesgo de enfermedades del corazón o enfermedades cardiovasculares".
La mayoría de los nutricionistas se negaron a aceptar estas conclusiones. El diario que publicó la opinión de Krauss, consciente de aireadas respuestas entre sus lectores, pusieron como prefacio una refutación escrita por un científico que había sido mano derecha de Ancel Keys, lo que implicaba que, dado que los resultados de Krauss contradecían cada recomendación dietética nacional e internacional, seguramente, estaban equivocados . Esta lógica circular fue moneda corriente, en un campo con una propensión inusualmente alta para ignorar la evidencia de que no encajaba con la sabiduría convencional.
Gary Taubes es amante de la física. "En física," me dijo, "Si se encuentra un resultado inconsistente. Entonces usted tiene que explicarlo. En nutrición, el juego es confirmar lo que usted y sus predecesores siempre han creído" Como una nutricionista que le explicó a Nina Teicholz, con un delicado eufemismo:". Los científicos creen que la grasa saturada es mala, y hay mucha resistencia a aceptar pruebas de lo contrario ".
Cuando la obesidad empezó a ser reconocida como un problema en las sociedades occidentales, esto rápidamente fue atribuido a las grasas saturadas. No fue difícil convencer al público de que si comemos grasa, engordaremos (En ingles grasa se dice FAT y a la persona con sobrepeso FAT, pero al que tiene exceso de musculo no se le dice PROTEINY). El fundamento científico también fue sencillo: un gramo de grasa tiene el doble de calorías que un gramo de proteínas o hidratos de carbono, y todos podemos entender la idea de que si una persona consume más calorías de las que gasta en la actividad física, lo sobrante se transforma en grasa.
Pero obviamente, sencillo no significa correcto. Es difícil conciliar esta teoría con el dramático aumento de la obesidad desde 1980, y con muchas otras evidencias. En Estados Unidos, la ingesta calórica promedio aumentó sólo un sexto durante ese período. En el Reino Unido, disminuyo. Tampoco hubo una disminución proporcional en la actividad física, ya sea en EEUU o en el Reino Unido, los niveles de ejercicio se han incrementado en los últimos 20 años. La obesidad es un problema en algunas de las regiones más pobres del mundo, incluso entre las comunidades en las que la comida es escasa. Los estudios clínicos controlados han fracasado repetidamente para mostrar que las personas pierden peso con dietas bajas en grasa o bajos en calorías, en el largo plazo.
Los investigadores europeos en la época de la preguerra habrían considerado que la idea, de la obesidad como un "exceso de calorías” era ridículamente simplista. Bioquímicos y endocrinólogos son más propensos a pensar la obesidad como un trastorno hormonal, provocada por alimentos que ingerimos en mayor cantidad, cuando decidieron comer menos grasa, como: almidones y azúcares de fácil digestión. En su nuevo libro, “Siempre hambrientos”, David Ludwig, endocrinólogo y profesor de pediatría de la Facultad de Medicina de Harvard, llama a esto el modelo de "carbohidratos-insulina". De acuerdo con este modelo, un exceso de hidratos de carbono refinados interfiere con el auto-equilibrio del sistema metabólico.
Lejos de ser un deposito inerte para el exceso de calorías, el tejido graso funciona como una fuente de energía de reserva para el cuerpo. Su energía es usada cuando la glucosa está baja - es decir, entre las comidas, o durante los ayunos y las hambrunas. La grasa responde ordenes de la insulina, la hormona responsable de regular el azúcar en la sangre. Los carbohidratos refinados se descomponen y rápidamente aumenta la glucosa en la sangre, lo que estimula al páncreas a producir insulina. Cuando se elevan los niveles de insulina, esta produce que el tejido graso comience a almacenar la energía de la sangre en forma de grasa, y inhibe la liberación de la almacenada. Así que cuando la insulina se mantiene elevada anormalmente, la persona gana peso, tiene más hambre, y se siente fatigada. Luego sienten culpa por ello. Pero, como dice Gary Taubes, las personas obesas no son gordas, porque comen en exceso y son sedentarios – ellos comen en exceso y son sedentarios, porque son gordos.
Ludwig deja en claro, al igual que Taubes, que esto no es una nueva teoría - John Yudkin lo había dicho – y ahora una vieja teoría había sido reforzada con nuevas pruebas. Lo que Ludwig no menciona es el papel que los partidarios de la hipótesis del colesterol, han jugado, históricamente, en la demolición de la credibilidad de los que proponían lo contrario.
En 1972, el mismo año que Yudkin publicó “Pura, blanca y mortal”, un cardiólogo llamado Robert Atkins publicó La dieta revolucionaria del Dr Atkins'. Sus argumentos comparten una premisa - que los carbohidratos son más peligrosos para nuestra salud que la grasa - a pesar que ambos difieren en los detalles. Yudkin se centró en los males de un hidrato de carbono, en particular, y no recomendó explícitamente una dieta alta en grasas. Atkins argumentó que un alto contenido de grasa, y una dieta baja en carbohidratos era la única ruta viable para la pérdida de peso.
Quizás la diferencia más importante entre los dos libros era de tono. Yudkin era fresco, educado y razonable, lo que refleja su temperamento, y el hecho de que él se veía primero como científico y en segundo lugar como médico. Atkins, decididamente un médico mas que un investigador, se despojo de formalismo. Se declaró furioso por haber sido "engañado" por los científicos médicos. Como era de esperar, este ataque enfureció el establishment nutricional, que devolvió el duro golpe. Atkins fue etiquetado como un fraude, y su dieta una "moda". Fue una campaña exitosa: incluso hoy en día, el nombre de Atkins trae consigo el olor de la charlatanería.
Una "moda" implica algo nuevo. Pero las dietas bajas en carbohidratos, altas en grasa habían sido populares desde hace un siglo antes de Atkins, y eran, hasta la década de 1960, un método de pérdida de peso aprobado por la ciencia convencional. Por el comienzo de la década de 1970, comenzó a cambiar. Los investigadores interesados en los efectos del azúcar y carbohidratos complejos sobre obesidad sólo tenían que mirar lo que había sucedido con el nutricionista de más alto rango en el Reino Unido para ver que la búsqueda de una línea de investigación de este tipo no era conveniente para sus carreras.
La reputación científica de John Yudkin estaba casi hundida. Dejo de ser invitado a conferencias internacionales sobre nutrición. Las revistas de investigación se negaron a publicar sus investigaciones. Sus colegas científicos decían que era excéntrico, obsesivo y solitario. Con el tiempo, se convirtió en una historia de miedo. Sheldon Reiser, era uno de los pocos investigadores que seguía trabajando sobre los efectos de los hidratos de carbono refinados y el azúcar a través de la década de 1970. Gary Taubes expreso en el 2011: "Yudkin fue muy desacreditado. Fue ridiculizado en cierto modo. Y cualquier otra persona que dice algo malo de sacarosa [azúcar], los demás decían: 'Él es como Yudkin' ".
Si Yudkin fue ridiculizado, Atkins era una figura de odio. Sólo en los últimos años se volvió aceptable estudiar los efectos de las dietas de tipo Atkins. En 2014, en un estudio financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, 150 hombres y mujeres fueron asignadas una dieta durante un año, que limitaba la cantidad de grasa o la de carbohidratos que podían comer, pero no las calorías. A finales del año, la gente de la dieta baja en carbohidratos y alta en grasas habían perdido alrededor de 3,6 kg más en promedio que el grupo bajo en grasa. También fueron más propensos a perder peso a partir de tejido graso; el grupo bajo en grasa perdió algo de peso, pero a expensa del tejido muscular. El estudio llamado NIH es el último de más de 50 estudios similares, que en conjunto sugieren que las dietas bajas en carbohidratos son mejores que las dietas bajas en grasa para lograr una pérdida de peso y control de la diabetes tipo 2. Como un cuerpo de evidencia, está lejos de ser definitivo, pero es tan consistente como cualquiera en la literatura.
La edición de 2015 de las Directrices dietéticas de los EEUU (que se revisan cada cinco años) no hace referencia a cualquiera de estas nuevas investigaciones, debido a que los científicos que asesoraron al comité - los nutricionistas más eminentes y mas reconocidos del país - no incluyeron la discusión de las nuevas investigaciones en su informe. Es una omisión grave e inexplicable en términos científicos, pero completamente inexplicable en términos de la política de la ciencia de la nutrición. Si usted está buscando proteger el sistema actual, ¿para qué mencionar la evidencia que parece contradecir las afirmaciones en que se basa esa autoridad? Esto permitiría comenzar a tirar de un hilo, que desenrollara algo que no les conviene que pase.
Pero parece que ya han empezado a hacerlo. En diciembre pasado, los científicos responsables de su elaboración recibieron una reprimenda humillante del Congreso, que aprobó una medida que propone una revisión de la forma en que el consejo, compila las recomendaciones de las guías. Se refirieron a los "muchos interrogantes ... acerca de la validación científica del proceso". Los científicos reaccionaron con enojo, acusando a los políticos de estar comprados por las industrias de la carne y los productos lácteos (dado lo que muchos de los científicos dependen de la financiación de la investigación de las compañías farmacéuticas y alimentarias, esto podría caracterizarse como audaz).
Algunos científicos están de acuerdo con los políticos. David McCarron, un investigador asociado en el Departamento de Nutrición de la Universidad de California, dijo al Washington Post: "Hay muchas cosas en las guías alimentarias de hace 40 años, que han sido refutadas. Por desgracia, a veces, la comunidad científica no le gusta asumir el error y dar marcha atrás". Steven Nissen, Jefe de medicina cardiovascular de la Cleveland Clinic, fue más contundente, llamando a las nuevas guías alimentarias "una zona libre de evidencia ".
La revisión del Congreso se ha producido en parte debido a una periodista llamada Nina Teicholz. Dado que su libro se publicó, en 2014, Teicholz se ha convertido en un defensora de usar la mejor evidencia en las guías alimentarias. Ella está en la junta de la Coalición para la Nutrición, un organismo financiado por los filántropos John y Laura Arnold, el objetivo es ayudar a garantizar que la política de la nutrición se fundamente en buena ciencia.
En septiembre del año pasado, escribió un artículo para el BMJ (anteriormente el British Medical Journal), sobre la falta de evidencia científica que sustenta las nuevas guías alimentarias. La respuesta del establecimiento de nutrición fue feroz: 173 científicos - algunos de los cuales eran parte del panel, y muchos de cuyo trabajo ha sido criticado en el libro Teicholz - firmaron una carta al BMJ, exigiendo que se retire el articulo.
La publicación de una réplica a un artículo es una cosa; solicitar su borrado es otro, convencionalmente se reserva para casos que involucran datos fraudulentos. Un médico oncólogo de NHS, Santhanam Sundar, señaló en una respuesta a la carta en el sitio web BMJ: "La discusión científica ayuda a avanzar la ciencia. Pedir la retracción, particularmente aquellos en posiciones eminentes, es poco científica y francamente preocupante ".
Apareció una replica que listaba "11 errores", que en una simple lectura se evidenciaba que iban de lo trivial a lo engañoso. Hablé con varios de los científicos que firmaron la carta. Ellos estaban dispuestos a condenar el artículo en términos generales, pero cuando les pregunté por nombrar sólo uno de los supuestos errores en ella, ninguno de ellos fue capaz de hacerlo. Uno admitió que no lo había leído. Otro me dijo que había firmado la carta porque el BMJ no debería haber publicado un artículo que no fue revisado (por pares). Meir Stampfer, epidemiólogo de Harvard, afirmó que el trabajo es Teicholz "plagado de errores", aunque declinó discutir conmigo.
Los críticos fueron reticentes a hablar en detalle del escrito, los científicos fueron notablemente más propensos a comentar sobre su autora. Recordaban todo el tiempo que Teicholz es un periodista y no un científico, y que tenía un libro para vender, principalmente este fue el argumento. David Katz, de la Universidad de Yale, uno de los miembros del grupo consultivo, y un incansable defensor de la linea ortodoxa, y me dijo que la obra de Teicholz "huele a conflicto de intereses", sin especificar cuáles eran esos conflictos. (Dr. Katz es el autor de cuatro libros de dieta). (Nota del traductor: Curiosamente Katz fue descubierto últimamente, usando un pseudonimo en la red, para hablar bien de sus propios libros!!)
El Dr. Katz reconoció que en su campo no se tenia razón en todo - admitió El mismo haber cambiado de opinión, por ejemplo, en el colesterol de la dieta. Pero volvió una y otra vez a atacar la persona de Teicholz. "Nina es sorprendentemente poco profesional ... He estado en habitaciones llenas grandes nombres de la nutrición y nunca he visto tanta repulsa unánime en cuanto el nombre de la señorita Teicholz aparece. Ella es un animal diferente a todo lo que he visto nunca". A pesar de las peticiones, nunca Katz citó ejemplos de su comportamiento poco profesional. (Los conceptos vertidos sobre Teicholz rara vez se le dispensaron a Gary Taubes, aunque tiene ambos argumentos similares).
En marzo de este año, Teicholz fue invitada a participar en una mesa redonda sobre la ciencia de la nutrición en National Food Policy, en Washington DC, pero inmediatamente se retiro su invitaciones, después de que sus colegas panelistas dejaron claro que no iban a compartir una mesa con ella . Los organizadores la reemplazaron por el CEO de la Alianza para la Investigación de la Papa y Educación.(Alliance for Potato Research and Education)
Uno de los científicos que llamaron a la retractación del artículo de Nina Teicholz en BMJ, quien solicitó que nuestra conversación no fuera grabada, se quejó que por el aumento de las redes sociales se ha creado un "problema de la autoridad" para la ciencia de la nutrición. "Cualquier voz, aunque este loca, puede ganar terreno", me dijo.
Es una queja habitual. Ya que al abrir las puertas al poder publicar cualquier cosa, sobre todo con Internet se han equiparado las jerarquías donde quieran que existan. Ya no vivimos en un mundo en el que las élites de expertos acreditados son capaces de dominar las conversaciones sobre asuntos complejos o controvertidos. En las zonas donde los expertos tienen un historial de hacerlo mal, es difícil ver cómo podría ser peor. Es preferible tener acceso a mucha información (aunque desordenada) que tener una selección de conocimientos orquestada por unos pocos iluminados opinadores, siendo coherente esto con la historia de consejos sobre nutrición.
En el pasado, sólo existían dos fuentes de autoridad nutricional: nuestros médicos y los organismos gubernamentales. Era un sistema que funcionaba bien, siempre y cuando los médicos y los funcionarios se guiaran por la ciencia. ¿Pero qué sucede si estos no usan la ciencia como guía?
El establishment nutricional ha demostrado, a lo largo de los años, que son expertos en falacias ad hominem, (atacar a la persona y no sus ideas), pero fue más difícil para ellos hacerlo con Robert Lustig o Nina Teicholz como lo hicieron una vez con John Yudkin. Más difícil, se les esta tornando defenderse de la acusación sobre los resultados desastrosos de la promoción de las dietas bajas en grasa que es una dieta de moda desde hace 40 años, avalada por muchos nutricionista.
El profesor John Yudkin se retiró de su puesto en la universidad Queen Elizabeth en 1971, para escribir “Pura, blanca y mortal”. La universidad no cumplió con una promesa que le permita seguir utilizando sus instalaciones de investigación. Se contrato a un seguidor comprometido con la hipótesis de los lípidos, para que lo reemplace, y ya no se consideraba político tener un destacado opositor en ese laboratorio. El hombre que había construido el departamento de nutrición de la universidad a partir de cero se vio obligado a contratar un abogado para defenderse. Con el tiempo, una pequeña habitación en un edificio separado se encontró para Yudkin.
Cuando le pregunté a Lustig el ¿Por que? fue El, el primer investigador en años en centrarse en los peligros del azúcar, respondió: "A John Yudkin, lo atacaron tan brutalmente que nadie quería intentarlo por su cuenta ".

viernes, 13 de octubre de 2017

Hiperinsulinemia y cáncer


Hiperinsulinemia y cáncer

Cáncer 2

Por Jason Fung 

Existe una fuerte relación entre el cáncer y la obesidad como se discutió en nuestro último post. Dado que he pasado varios años argumentando por qué la hiperinsulinemia es la causa raíz de la obesidad y de la diabetes tipo 2, tendría sentido creer que la hiperinsulinemia también puede desempeñar un papel en el desarrollo del cáncer.
Este vínculo se conoce desde hace bastante tiempo, aunque se ha oscurecido en la prisa de proclamar al cáncer como una enfermedad genética a consecuencia de las mutaciones acumuladas. Dado que la obesidad y la hiperinsulinemia no son claramente mutagénicas, esta relación ha sido fácilmente olvidada, pero emerge una vez más el paradigma del cáncer como una enfermedad metabólica que comienza a ser considerado seriamente. Por ejemplo, es muy sencillo cultivar células de cáncer de mama en un laboratorio. La receta se ha utilizado con éxito durante décadas. Tome las células del cáncer de mama, añada glucosa, factor de crecimiento (EGF) e insulina. Mucha, pero mucha insulina. Las células crecerán como las malas hierbas después de una lluvia de primavera.
Pero, ¿qué sucede cuando tratas de "destetartarlas" de la insulina? Las células mueren. El Dr. Vuk Stambolic, un investigador de cáncer de alto nivel, dice que es como si esas células fueran "adictas a la insulina".
Pero espere un momento, detengámonos aquí. El tejido mamario normal no es particularmente dependiente de insulina. Usted encontrará los receptores de insulina más prominentemente en el hígado y en las células del músculo esquelético, ¿pero en la mama? No tanto. El tejido mamario normal no necesita realmente insulina, pero las células del cáncer de mama no pueden vivir sin ella.
En 1990, los investigadores encontraron que las células del cáncer de mama contienen más de 6 veces el número de receptores de insulina que tiene el tejido mamario normal. Eso sin duda explicaría por qué necesitan tanta insulina. De hecho, no es simplemente el cáncer de mama donde se demuestra este fenómeno, la hiperinsulinemia también está relacionada con el cáncer de colon, el de páncreas y el de endometrio.
Muchos tejidos que no son particularmente ricos en receptores de insulina desarrollan cánceres que están llenos de receptores de insulina. Debe haber una razón, y esa razón es bastante obvia. El crecimiento del cáncer requiere que la glucosa aumente, tanto para el aporte de energía como en su rol de materia prima para el crecimiento, y la insulina podría ayudar a provocar una inundación de glucosa.
Pero hubo otra preocupación por los altos niveles de insulina - el desarrollo de la insulina como factor de crecimiento 1 (IGF1). La insulina promueve la síntesis y la actividad biológica de IGF1. Esta hormona peptídica tiene una estructura molecular muy similar a la de la insulina y regula la proliferación celular. Esto fue descubierto en los años 50 aunque la semejanza estructural con la insulina no fue notada hasta dos décadas más adelante. Debido a esas similitudes, la insulina también estimula fácilmente el IGF1.
Ciertamente tiene sentido, vincular una vía de detección de nutrientes como la insulina al crecimiento de las células. Es decir, cuando usted come, la insulina sube con la mayoría de las comidas, excepto tal vez con la grasa pura, todos los alimentos hacen que la insulina suba. Esto señala al cuerpo que hay alimentos disponibles y que debemos iniciar las vías de crecimiento celular. Después de todo, no tiene sentido empezar a crecer células cuando no hay comida disponible - todas esas nuevas “células bebé” simplemente morirían sin glucosa.
Esto también ha surgido en estudios clásicos en animales sobre el efecto de la inanición en los tumores. El primero fue observado en los años 40 por Peyton Rous y Albert Tannenbaum, las ratas con un tumor inducido por un virus se podrían mantener vivas dándoles dando cantidades de alimento apenas suficientes para sostener la vida. Una vez más, esto tiene sentido. Si los sensores de nutrientes de la rata supusieran que no había suficientes nutrientes, se inhibirían todas las vías de crecimiento, incluidas las de las células cancerosas.
Los estudios in vitro han demostrado claramente que tanto la insulina como el IGF1 actúan como factores de crecimiento para promover la proliferación celular e inhibir la apoptosis (muerte celular programada). Los estudios en animales que inactivan el receptor de IGF1 muestran un crecimiento tumoral reducido. Pero otra hormona también estimula al IGF1: la hormona de crecimiento. Por lo tanto, la hormona del crecimiento (GH), ¿es mala, también?
Bueno, no funciona así. Hay un equilibrio. Si se tiene demasiada hormona de crecimiento (una enfermedad llamada acromegalia), encontrará niveles excesivos de IGF1. Pero en la situación normal, tanto la insulina como la hormona de crecimiento estimulan al IGF1. Pero la insulina y la hormona del crecimiento son hormonas opuestas. Recuerde que la hormona del crecimiento es una de las hormonas contra-regulatorias, lo que significa que hace lo contrario que la insulina.



Acromegalia
A medida que la insulina sube, la hormona de crecimiento disminuye. Nada apaga la secreción de la hormona de crecimiento como comer. La insulina trabaja para mover la glucosa de la sangre hacia las células, y la hormona de crecimiento funciona en la dirección opuesta, sacando la glucosa de las células (hepáticas) hacia la sangre para obtener energía. Por lo tanto, no hay paradoja real aquí. Normalmente, la hormona de crecimiento y la insulina se mueven en direcciones opuestas, por lo que los niveles de IGF1 son relativamente estables a pesar de las fluctuaciones de la insulina y la hormona de crecimiento.
En condiciones de exceso de insulina (hiperinsulinemia) se obtienen niveles excesivos de IGF1 y de hormona de crecimiento muy bajos. Si usted tiene secreción patológica de la hormona de crecimiento (acromegalia) obtendrá la misma situación. Dado que esto ocurre solo en aquellos raros tumores hipofisarios, ignoraremos esto, ya que su prevalencia se desvanece en comparación con la epidemia de hiperinsulinemia en la civilización occidental actual.
El hígado es la fuente de más del 80% del IGF1 circulante, cuyo principal estímulo es la hormona de crecimiento. Sin embargo, en pacientes que están crónicamente en ayunas o con diabetes tipo 1, los bajos niveles de insulina causan reducciones en los receptores hepáticos y reducción de la síntesis y los niveles en sangre de IGF1.
En la década de 1980, se descubrió que los tumores contienen 2-3 veces más receptores para IGF1 en comparación con los tejidos normales. Sin embargo, se descubrieron más vínculos entre la insulina y el cáncer. La PI3 quinasa (PI3K) es otro jugador en esta red de metabolismo, crecimiento y señalización de la insulina, también descubierto en la década de 1980 por Cantley y sus colegas.
En la década de 1990 se descubrió que la PI3K juega un papel importante en el cáncer, también con sus vínculos con el gen supresor de tumores llamado PTEN. En 2012, los investigadores publicaron en New England Journal of Medicine que las mutaciones en el gen PTEN aumentaron el riesgo de cáncer, pero también disminuyeron el riesgo de diabetes tipo 2. Debido a que estas mutaciones aumentaron el efecto de la insulina, la glucosa en sangre bajó. Como la glucosa en sangre bajó, el diagnóstico de la diabetes tipo 2 también se redujo, ya que así es como se define a la diabetes (a través de la glucemia). Las mutaciones del PTEN son una de las más comunes que se encuentran en el cáncer
Sin embargo, las enfermedades de la hiperinsulinemia, como la obesidad, aumentaron. El punto importante era que el cáncer también es una enfermedad relacionada con la hiperinsulinemia. Esta no es la única vez en que se ha encontrado este vínculo. Otro estudio de 2007 utilizó la exploración de una muy amplia asociación genómica para encontrar mutaciones genéticas relacionadas con el cáncer de próstata. Una de estas mutaciones encontró un mayor riesgo de cáncer, mientras que disminuyó el riesgo de diabetes tipo 2.
Además, muchos de los genes que aumentan el riesgo de diabetes tipo 2 se encuentran muy cerca de aquellos genes que están involucrados en la regulación del ciclo celular, o con la decisión de si esta célula prolifera o no. A primera vista, esto puede no tener sentido, pero un examen más detenido revela la conexión obvia. El cuerpo toma la decisión de crecer o no crecer. En épocas de hambruna o inanición, no es ventajoso crecer, porque esto significaría que hay "demasiadas bocas para alimentar". Por lo tanto, lo lógico es aumentar la apoptosis (muerte celular programada) para eliminar algunas de estas células extrañas.
La autofagia es un proceso relacionado con librar al cuerpo de los sub-organismos celulares innecesarios. A estas “bocas extra” se les muestra la puerta de salida porque los recursos son escasos. Los sensores de nutrientes, como la insulina y el mTOR (de los que hablaremos más adelante) son por lo tanto críticos para tomar la decisión de si las células deben crecer o no.
Se sabe que la insulina y el IGF1 desempeñan un papel crucial en la apoptosis. De hecho, hay un umbral para IGF1. Por debajo de ese nivel, las células entrarán en apoptosis, por lo que el IGF1 es un factor de supervivencia para las células.
Hay dos factores principales en el cáncer.
  1. Primero: ¿Qué hace que una célula se convierta en cancerosa?
  2. Segundo: ¿Qué es lo que hace crecer una célula cancerosa?
Estas son dos preguntas totalmente independientes. Al abordar la primera pregunta, la insulina no juega un papel (por lo que puedo decir hasta ahora). Sin embargo, ciertos factores aumentan el crecimiento de las células cancerosas. El cáncer se deriva de los tejidos normales, y los factores de crecimiento para esas células aumentarán el crecimiento del cáncer.
Por ejemplo, el tejido mamario es sensible a los estrógenos (que lo hacen crecer). Dado que el cáncer de mama se deriva del tejido mamario normal, los estrógenos harán que las células del cáncer de mama crezcan también. Por lo tanto, los tratamientos anti-estrógenos son eficaces para ayudar a que el cáncer de mama no se repita (por ejemplo: tamoxifeno, inhibidores de la aromatasa). Las células de la próstata necesitan testosterona y, por lo tanto, el bloqueo de la testosterona (por ejemplo, a través de la castración) ayudará a tratar el cáncer de próstata, también. Saber qué hace que los tejidos crezcan es información valiosa que conduce a encontrar una terapia viable del cáncer.
Ahora, ¿qué pasa si hay factores generales de crecimiento que son eficaces en prácticamente todas las células? Esto no podría responder a la pregunta de por qué se desarrolla el cáncer, pero sería valioso en el tratamiento adyuvante del cáncer. Ya sabemos que estas señales de crecimiento que existen en casi todas las células. Estas vías se han conservado durante milenios todo el camino de vuelta hasta los primitivos organismos unicelulares. Una de estas señales es la insulina (sensible a los carbohidratos y proteínas, especialmente animales). Sí, pero aún más antigua y tal vez más potente, es la mTOR (sensible a la proteína).
¿Y si ya supiéramos cómo bajar estas señales generalizadas de crecimiento (sensores de nutrientes)? Esto sería una poderosa arma inimaginable para prevenir y ayudar en el tratamiento del cáncer. Por suerte para nosotros, estos métodos ya existen, y son gratis. ¿Qué es esto? (Si usted no los sabe ya, usted debe ser un nuevo lector): ¡El AYUNO!